El senador defendió la adhesión oficial del partido a la campaña del Pacto Histórico y desató un fuerte choque interno con sectores que respaldan a otros candidatos
La decisión de la Alianza Verde de respaldar a Iván Cepeda Castro en la carrera presidencial abrió una nueva crisis interna. El senador Ariel Ávila advirtió que ningún militante podrá apoyar públicamente a otros candidatos sin exponerse a sanciones por doble militancia.
La adhesión oficial de la Alianza Verde a la campaña presidencial de Iván Cepeda Castro, candidato del Pacto Histórico, lejos de unificar al partido, terminó profundizando sus divisiones internas.
Durante el acto en el que se selló el respaldo, el senador Ariel Ávila lanzó una advertencia directa a los sectores disidentes: ningún integrante de la colectividad podrá hacer campaña por otro aspirante presidencial, incluso si ha manifestado objeción de conciencia frente a la decisión oficial.
“La objeción de conciencia es un sentimiento íntimo de desacuerdo a algo. Pero la campaña es un acto público. Nadie se puede subir en tarima con ningún candidato presidencial”, afirmó Ávila, dejando claro que el margen de acción para los críticos es limitado.
El mensaje del congresista se basa en una interpretación estricta de las normas de doble militancia, que prohíben a los miembros de un partido respaldar candidaturas distintas a las avaladas por su colectividad. Según su postura, cualquier apoyo público a otro candidato podría derivar en sanciones disciplinarias e incluso legales.
Sin embargo, sus declaraciones no tardaron en generar reacciones dentro del mismo partido. Una de las primeras en responder fue la senadora Angélica Lozano, quien cuestionó el tono y el alcance de la advertencia.
“Dale poder a una persona y conocerás a la persona”, escribió Lozano, en una crítica que deja ver el nivel de tensión interna. La congresista, cercana a la exalcaldesa Claudia López, ha sido una de las voces que no respaldan la adhesión a Cepeda.
A este bloque también pertenece la representante Catherine Juvinao, quien, junto a otros sectores, decidió no sumarse al acuerdo programático con el Pacto Histórico. Estas corrientes han insistido en mantener independencia política frente a la decisión de la dirección nacional del partido.
La división se profundiza aún más con posturas como la de la representante Katherine Miranda, quien ha anunciado abiertamente su respaldo a Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático. “Yo no apoyo a Iván Cepeda. (…) La defensa de la democracia y nuestra Constitución nos une”, afirmó, reafirmando su distancia frente a la línea oficial del partido.
En paralelo, el senador Jonathan Pulido Hernández, conocido como “Jota Pe”, anunció su intención de promover una escisión dentro del partido, lo que podría fragmentar aún más a la colectividad verde en plena campaña presidencial.
El trasfondo de la disputa no es solo electoral. También hay diferencias ideológicas de fondo, especialmente frente a temas como la eventual convocatoria de una Asamblea Constituyente, propuesta que ha sido respaldada por el gobierno de Gustavo Petro y sectores del Pacto Histórico.
De hecho, durante la negociación del acuerdo entre Cepeda y el Partido Verde, algunos sectores intentaron incluir una cláusula que cerrara la puerta a esa posibilidad. Sin embargo, el equipo del candidato optó por matizar ese punto para no generar fricciones con el Ejecutivo.
La controversia aumentó luego de que se conociera que, durante el evento de adhesión del partido, también se adelantó recolección de firmas en favor de la constituyente, lo que generó nuevas críticas desde los sectores más independientes.
Este episodio deja en evidencia una realidad compleja dentro de la Alianza Verde: aunque existe una decisión formal de respaldo a Cepeda, no hay una cohesión real en torno a esa postura. Por el contrario, el partido enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente, con facciones que no solo discrepan, sino que ya actúan en direcciones opuestas.
En medio de este panorama, la advertencia de Ávila busca imponer disciplina interna, pero también corre el riesgo de profundizar las fracturas. La discusión sobre la doble militancia, más allá de lo jurídico, se convierte así en el reflejo de una disputa política más amplia sobre el rumbo del partido y su papel en las elecciones presidenciales.


