El periodista y escritor Diego Aretz presentó un libro “La obra de Malcolm Deas es una carta de amor a Colombia” que va más allá de la biografía del historiador británico, quien dedicó buena parte de su vida a estudiar Colombia. A través de entrevistas, archivos y testimonios de expresidentes, académicos y personas cercanas, Aretz propone una mirada sobre la memoria, la política y la necesidad de comprender la complejidad del país.
Un historiador británico que llegó a Colombia cuando tenía poco más de 20 años terminó convirtiéndose en uno de los investigadores extranjeros que más profundamente estudiaron la historia del país. Esa es una de las historias que reconstruye Diego Aretz en su libro sobre Malcolm Deas, una obra que busca acercar a los lectores no solamente a la vida de este académico, sino también a las transformaciones políticas, sociales e intelectuales de Colombia.
En una conversación con Antoine Devorsine, Aretz explicó cómo nació el proyecto y por qué terminó convirtiéndose en algo mucho más amplio que una biografía. Su investigación reúne entrevistas, documentos, recuerdos y testimonios de personas que conocieron a Deas desde diferentes ámbitos, entre ellos expresidentes, historiadores, colegas, estudiantes y figuras de la vida pública colombiana.
El resultado es un recorrido por distintas etapas de la historia nacional, desde el siglo XIX y las guerras bipartidistas hasta las guerrillas, las transformaciones institucionales y los debates políticos contemporáneos.
Para Aretz, la particularidad de Malcolm Deas estaba en su capacidad de acercarse a Colombia sin limitarse a una sola interpretación. El historiador buscaba conversar con personas de diferentes posiciones políticas y sociales, desde taxistas y profesores hasta presidentes y dirigentes de izquierda y derecha.
Esa disposición para escuchar, investigar y contrastar versiones terminó convirtiéndose en uno de los principales elementos que inspiraron el libro. De hecho, el escritor considera que la obra de Deas representa una forma de comprender el país desde la pluralidad y la curiosidad intelectual.
“Su obra es una carta de amor a Colombia”, afirmó Aretz al referirse al legado del historiador británico, quien llegó a obtener la nacionalidad colombiana y desarrolló una relación profunda con el país que convirtió en el centro de buena parte de su trabajo.
Malcolm Deas: el británico que dedicó su vida a estudiar Colombia
Malcolm Deas llegó a Colombia procedente de Dorset, Inglaterra, cuando era un joven de aproximadamente 20 o 22 años. Provenía de uno de los entornos educativos más privilegiados de Europa, pero, según reconstruye Aretz, tenía un conocimiento limitado del país al que llegaba.
Con el paso de los años, esa primera aproximación se transformó en una dedicación académica que abarcó diferentes periodos, personajes y acontecimientos de la historia colombiana.
Su interés no se limitaba a estudiar los grandes acontecimientos políticos o las decisiones de quienes ocuparon la Presidencia. También buscaba comprender las particularidades de las regiones, las relaciones sociales, las instituciones y las experiencias de personas que normalmente no ocupaban los primeros lugares en los relatos históricos.
Aretz destaca que una de las características más llamativas de Deas era su disposición a hablar con prácticamente cualquier persona que pudiera aportarle una perspectiva sobre el país.
En su investigación encontró que el historiador podía interesarse tanto por las conversaciones con dirigentes políticos como por los testimonios de ciudadanos comunes. Esa apertura le permitía construir una visión más amplia de Colombia y evitar que sus investigaciones quedaran condicionadas por una sola corriente ideológica.
El escritor considera que esa actitud resulta especialmente importante para un país como Colombia, donde las experiencias históricas varían considerablemente dependiendo de la región, el origen social y las circunstancias familiares.
Durante la entrevista, puso como ejemplo las diferencias entre una familia arhuaca de Nabusímake, una familia del barrio Kennedy en Bogotá y otra de sectores como Cedritos o Rosales. Aunque todas forman parte del mismo país, sus experiencias pueden ser radicalmente distintas.
Para Aretz, uno de los problemas de Colombia es que muchas veces las historias se cuentan desde perspectivas particulares, sin que exista un esfuerzo suficiente por construir una memoria colectiva que reconozca esa diversidad.
La importancia de escuchar antes de construir una interpretación
Uno de los principales aprendizajes que Aretz identifica en el trabajo de Malcolm Deas es la necesidad de investigar sin llegar a una conclusión anticipada.
En su opinión, el historiador tenía tres características fundamentales para estudiar una sociedad: la disposición a conversar con personas de diferentes posiciones, la capacidad de escuchar sin imponer una teoría previa y la voluntad de revisar rigurosamente los acontecimientos mediante documentos y evidencias.
Esa metodología también se reflejaba en su trabajo con archivos históricos. Durante sus investigaciones, Deas podía consultar documentos aparentemente menores, como libros de cuentas de haciendas cafeteras, diarios personales de mujeres trabajadoras o mapas antiguos que permitían reconstruir aspectos de la vida nacional.
Aretz recordó que, al revisar la biblioteca personal del historiador en Barranquilla, encontró un archivo sobre los viajes de un capitán neoyorquino que recorrió la región de la Ciénaga del Magdalena en 1905.
Para el escritor, esos hallazgos demuestran que la historia no se construye exclusivamente a partir de los documentos más conocidos o de los grandes acontecimientos. También está en los testimonios, los registros cotidianos y las evidencias que permiten reconstruir cómo vivían las personas en otras épocas.
Deas solía desconfiar de las explicaciones construidas sin suficiente respaldo documental. Según Aretz, utilizaba la expresión “carreta” para referirse a los relatos que no estaban sustentados en una investigación rigurosa.
Esa manera de trabajar también tiene una relación directa con el periodismo que busca desarrollar Aretz. Para él, la investigación exige salir al encuentro de las personas, revisar los documentos y estar dispuesto a encontrar información que contradiga las ideas iniciales.
Por qué lo digital no puede reemplazar el trabajo de campo
Durante la conversación, Aretz también reflexionó sobre los cambios que atraviesa la investigación histórica con la llegada de nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y las herramientas digitales para analizar grandes cantidades de información.
Aunque reconoce las posibilidades que ofrecen estos recursos para estudiar documentos, cruzar datos y comunicarse con comunidades a distancia, advierte que no deberían sustituir completamente el trabajo de campo.
Como ejemplo, mencionó las experiencias de compartir con familias de zonas rurales de San José del Guaviare o de Inírida. En esos encuentros, explica, la información no está únicamente en las palabras de las personas, sino también en sus expresiones, el entorno, la comida y los detalles de la vida cotidiana.
Para Aretz, esos elementos forman parte de la realidad que un investigador necesita comprender y que difícilmente puede reconstruirse por completo mediante una pantalla.
La reflexión adquiere relevancia en un momento en el que las herramientas digitales están transformando las formas de investigar, producir información y acceder a los archivos.
Su planteamiento no consiste en rechazar la tecnología, sino en recordar que la comprensión de una sociedad requiere contacto directo con sus habitantes y territorios.
La historia de Colombia no debería reducirse a una sola narrativa
Otro de los asuntos centrales del libro es la manera en que los colombianos construyen y discuten su memoria histórica.
Aretz considera que el país ha tenido dificultades para elaborar una interpretación que reconozca tanto los episodios dolorosos como los elementos positivos de su pasado. En su opinión, con frecuencia se privilegian las lecturas marcadas por la tragedia y se dejan de lado otras dimensiones de la historia nacional.
Durante la entrevista recordó los debates alrededor de los monumentos de los Reyes Católicos y de Gonzalo Jiménez de Quesada, cuyas estatuas fueron retiradas en medio de discusiones sobre la memoria colonial y la representación del pasado.
Para el escritor, esos acontecimientos reflejan una dificultad que todavía no se ha resuelto: la necesidad de discutir qué historia quiere contar Colombia y cómo representar las diferentes experiencias que dieron origen a la sociedad actual.
También mencionó la diversidad cultural del país y la importancia de reconocer las distintas herencias que forman parte de su identidad, incluidas las de los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y los diferentes grupos que participaron en la formación histórica de Colombia.
En ese sentido, considera que no se trata de ignorar las violencias o las desigualdades del pasado, sino de evitar que una sola interpretación termine imponiéndose sobre todas las demás.
Su propuesta es construir una memoria que permita reconocer las luces y las sombras de la historia, sin invalidar las experiencias de quienes tienen perspectivas diferentes.
Aretz también destacó la importancia de recuperar el trabajo de cronistas e investigadores que documenten los acontecimientos mientras están ocurriendo. Como ejemplo, mencionó el ejercicio de recopilación de información sobre el estallido social de 2021 realizado durante la anterior administración del Centro Nacional de Memoria Histórica.
A su juicio, ese tipo de investigaciones puede convertirse en una referencia fundamental para comprender las transformaciones políticas y sociales de Colombia durante esta década.
¿Qué pensaría Malcolm Deas sobre la Colombia actual?
Uno de los momentos más llamativos de la entrevista llegó cuando Antoine Devorsine le preguntó a Aretz qué aspectos de la Colombia contemporánea podrían despertar el interés del historiador británico si todavía estuviera vivo.
El escritor respondió que Deas probablemente estaría interesado en observar el Gobierno de Abelardo de la Espriella y las particularidades de su llegada al poder.
Entre los acontecimientos que, según Aretz, podrían llamar su atención mencionó la actuación del presidente durante un operativo policial, cuando habría tomado un revólver y participado directamente en el procedimiento, un episodio que consideró inédito en la historia reciente del país.
También señaló que le interesaría analizar lo que representa tener un presidente originario de Barranquilla y de la región Caribe, así como las posibles transformaciones en la representación política y el funcionamiento del Gobierno.
Otro asunto que, en su opinión, despertaría la curiosidad de Deas sería el papel del uribismo, al que describió como una fuerza que ha tenido una influencia dominante durante dos décadas, y su aparente desplazamiento frente a una derecha más radical.
Aretz agregó que el historiador seguramente observaría la participación de la familia Gómez, el conservatismo y el comportamiento de las nuevas generaciones, particularmente la llamada Gen Z, a la que describió como un sector que parece estar adoptando posiciones cada vez más conservadoras.
La transformación demográfica y urbana del país también estaría entre sus intereses. El escritor mencionó los cambios en las tasas de natalidad, la modificación de la pirámide poblacional y el hecho de que Colombia ya no sea una sociedad predominantemente rural.
Según señaló durante la entrevista, más del 70 % de los colombianos vive actualmente en ciudades, una transformación que ha cambiado la manera en que la población se relaciona con el territorio y comprende su propia realidad.
Para Aretz, Deas habría encontrado en esos procesos una oportunidad para desarrollar nuevas investigaciones y comprender cómo está cambiando el país.
El libro reúne testimonios de expresidentes y figuras de la academia
La investigación también se distingue por la cantidad de personas que participaron en la reconstrucción de la vida y el legado de Malcolm Deas.
Aretz explicó que el libro incluye entrevistas con los expresidentes César Gaviria, Iván Duque, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, además de académicos como Jorge Orlando Melo, Gonzalo Sánchez y James Robinson, quien escribió el prólogo.
La recopilación de esos testimonios permitió construir diferentes perspectivas sobre la personalidad del historiador y su relación con la política, la academia y la sociedad colombiana.
El escritor explicó que no llegó a las entrevistas con una interpretación cerrada ni con un cuestionario orientado a confirmar una imagen previa de Deas. Su intención era que cada persona compartiera libremente los recuerdos y experiencias que consideraba más importantes.
Al revisar las transcripciones encontró coincidencias, diferencias y relatos que se repetían. Algunos entrevistados destacaban su inteligencia y su relación con el poder; otros recordaban su trabajo como profesor, su cercanía con los estudiantes o su generosidad.
Sin embargo, hubo un elemento común que llamó especialmente la atención de Aretz: el afecto que muchas personas sentían por el historiador.
Según explicó, quienes hablaron de Deas no recordaban únicamente sus capacidades intelectuales o sus investigaciones, sino también a un ser humano que había construido relaciones profundas y que se preocupaba por los demás.
Para el escritor, esa dimensión representa una de las principales enseñanzas de su legado: la posibilidad de dedicarse al conocimiento y al estudio de la sociedad sin perder la empatía y la humanidad.
La relación de Malcolm Deas con el poder y su independencia académica
La cercanía que Malcolm Deas mantuvo con diferentes presidentes y dirigentes políticos también ocupa un lugar importante en la investigación.
Aretz explicó que el historiador tuvo acceso a distintos sectores del poder colombiano, pero que esa relación no significaba necesariamente que estuviera subordinado a los intereses de quienes gobernaban.
Uno de los elementos que, según el escritor, protegía su independencia era su vínculo académico con la Universidad de Oxford, que mantuvo su posición como profesor en esa institución.
Además, Deas tenía una manera particular de acercarse a los personajes políticos: le interesaba escucharlos para comprender cómo interpretaban el país, qué información manejaban y cuáles eran sus ideas sobre el funcionamiento del Estado.
Aretz recordó una anécdota relatada por William Ospina, según la cual Deas le pidió conversar durante 40 minutos sin revelar inicialmente quién era, con el propósito de escucharlo sin condicionar el encuentro.
El escritor considera que esa actitud demuestra que su interés por las personas influyentes no estaba relacionado exclusivamente con las relaciones personales o las oportunidades que podían ofrecerle.
En tono irónico, señaló que los políticos probablemente pensaban que utilizaban al historiador por sus conocimientos, su prestigio o sus contactos, pero que en realidad era Deas quien aprovechaba esas conversaciones para obtener información valiosa sobre la historia y el funcionamiento de Colombia.
Su método consistía en escuchar, observar y reunir elementos que pudieran ayudar a comprender los procesos políticos, sin limitarse a reproducir las versiones de quienes ejercían el poder.
Aretz quiere llevar la historia de Malcolm Deas a diferentes regiones de Colombia
Tras la publicación del libro, Diego Aretz busca ampliar las conversaciones sobre el legado de Malcolm Deas y acercar su trabajo a lectores de diferentes regiones del país.
El escritor contó que una de las presentaciones realizadas en el Gimnasio Moderno reunió a más de 200 personas de distintas posiciones políticas, una recepción que calificó como una sorpresa positiva para tratarse de su primer libro.
También participó en actividades en Cali, durante la Feria del Libro, y en espacios vinculados al Fondo de Cultura Económica.
Su intención es llevar la publicación a diferentes municipios y generar encuentros en los que las comunidades puedan conversar sobre la historia de Colombia y la manera en que Deas la estudió.
Entre sus planes mencionó visitas a Santa Marta, Cartagena y otros lugares donde pueda presentar el libro, además de actividades dirigidas a los colombianos que viven en el exterior.
También espera realizar encuentros en Nueva York, Londres, Oxford y Madrid, con el propósito de acercar la obra a los más de cuatro millones de colombianos que, según señaló en la entrevista, viven fuera del país.
Para Aretz, el homenaje más importante a Malcolm Deas consiste en continuar difundiendo su manera de observar Colombia: con curiosidad, rigor, apertura a diferentes perspectivas y disposición para dejarse sorprender por los documentos y testimonios.
Su libro, en definitiva, busca que los lectores se interesen por la vida de un historiador que nació en Inglaterra, pero que dedicó buena parte de su existencia a comprender la sociedad colombiana.
Y esa es precisamente la idea que resume la frase con la que Aretz describe su obra: Malcolm Deas fue un hombre que llegó desde Dorset para estudiar un país que terminó convirtiéndose en su hogar y en el centro de su vida intelectual.

